domingo, 23 de junio de 2013

EL VENDAVAL

Quizá el lobo seamos nosotros y el cerdito listo la clase política, capaz de construir una estructura tal que ni el aullido de todo un pueblo sea capaz de derribar.

10 comentarios:

  1. Habrá que aullar más fuerte, más unidos. Tengo entendido que los lobos (en los cuentos) se comen a los cerditos...

    Tendremos que practicar la carnirovolobo...(palabro)

    Besicos, Manuel

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    1. Carmen, "tener que" es una perífrasis de obligación que pocas veces llevamos a cabo. Y mira que me encantaría poner en práctica ese palabro.

      Besototes de a ver si, entre todos, derribamos

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  2. Más o menos, parece ser así, de momento... igual deberíamos sacar la maza. Tengo un cuento que se llama "los tres lobitos y el cerdito feroz" y no veas como las gasta el cerdito... no hay casa que se le resista, salvo la del amor.
    Besazos

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    1. Ana, los cerditos siempre han tenido muy buena fama en nuestros cuentos. Está claro que el jamón lo llevamos muy dentro.

      Besotes de aprovecharlos todo, hasta los andares

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    1. Humberto, ojalá las palabras sirvieran más de lo que sirven.

      Abrazotes

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  4. Estamos dejando que se confíen, no cuentan con nuestra astucia... jeje
    Abrazos de, ¡me pillas con un ánimo!

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    1. Rosy, la astucia debe comenzar ya a ser acto, que nos torean (y no somos toros).

      Abrazotes de venga, va ;-)

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  5. Me he confundido un poco con tu lobo y tu cerdito... En mis cuentos, el lobo siempre es el malo. Se come las ovejas...o los cerditos.
    Aquí no sé quién le pega a quien...Me enredas, Manuel Rebollar Barro. Me he quedado detenida en este intervalo y el tiempo apremia.

    Besos

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    1. América, siempre nos han vendido al lobo como el malo, como si estar encima en la cadena alimenticia fuera malo o fuera culpa de él. La idea va un poco más allá y rebusca en el concepto de moral de esclavo y moral de señores que usara Nietzsche allá por el XIX. Nosotros somos más poderosos, como buenos lobos, pero ellos, sabedores de que no pueden competir con nuestra fuerza, le dieron la vuelta a la tortilla. Soplamos y derribamos la casa de paja de la aristocracia, que se refugiaron en los banqueros. Soplamos y derribamos la casa de madera de los bancos, que se refugiaron en los políticos. Y por más que soplamos y sepamos que dentro están los que nos impiden ser lo qeu somos, no podemos abatirlo. Y es que la clase política se lo ha montado muy bien, porque no sólo se han protegido con casas supuestamente inexpugnables, sino que además nos han creado el concepto de que ellos son los damnificados como cerditos.

      Besos de vaya rollo que te he soltado

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